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Una vez adquiridas las herramientas, el estilo personal para manejarlas será el factor determinante de los resultados. Pero eso no se enseña en la facultad. ¿De quién podemos aprender? En mi caso, de la maestra jardinera, el sargento, Heifetz y ahora… el golfista.
La maestra jardinera de mi sobrino dijo “Nadie aprende lo que no se ha preguntado”.
El Sargento a cargo de la herrería de Granaderos a Caballo, donde hice la colimba, tenía un cartel que decía: “Mejor que enseñar es dejar aprender”.
En el fondo ambos estaban diciendo lo mismo. Para aprender hay que estar abierto a incorporar algo y concentrado en ello. Es decir preguntárselo… sentir curiosidad. Hay que exponerse a la realidad, a la práctica, para que surjan las preguntas, y entonces ser como una esponja para absorber conocimiento. Los antiguos filósofos griegos hablaban del asombro como disparador de la filosofía. Asombro surgido de la observación, de la realidad, de la práctica.
Ronald Heifetz, nieto del famoso músico y profesor de liderazgo de Harvard, constantemente alienta a sus alumnos a subir y bajar la escalera que conduce de la pista de baile al balcón. Es decir, hacer y observarse haciendo. Verse desde arriba, en el contexto y entender las dos escalas, individual y grupal.
Ese ejercicio en el trabajo diario es la mejor técnica de aprendizaje que conozco.
Un proverbio árabe dice que para verse la cara basta un espejo, pero para verse el trasero hacen falta dos. De lo que se puede interpretar que sin la ayuda de otra persona no siempre es fácil ver las partes menos accesibles de uno mismo. Y estas son oportunidades de mejora.
Matías Mackinlay, consultor, amigo y aficionado al golf ha desarrollado un estilo de coaching o asesoramiento para managers que encarna estas ideas y las lleva a la práctica maravillosamente. Su metodología consiste en llevar al manager al putting green y observarlo jugar. Y ayudarlo a que se observe a sí mismo. Los elementos del trabajo y el golf son los mismos: Un objetivo, una situación, una herramienta, un estilo. La síntesis del green es ideal para ganar tiempo. Todo está a la vista y la experiencia de Matías ayuda a ver lo que siempre estuvo allí pero no considerábamos.
Una de las cosas que me dijo Matías mientras jugaba me sonó a sabiduría tradicional… Alguna vez, quizá, palabra más, palabra menos, la había leído en alguna parte. Pero no puedo poner suficiente énfasis al decir que, cuando lo que me dice se refiere a lo que acabo de experimentar con mis propias manos sobre el put, la sabiduría cobra vida, me habla a quemarropa, sé exactamente lo que me está diciendo y no lo olvidaré jamás porque ha pasado a ser parte de mí.
Soltar un poco la obsesión por el objetivo. Gozar más del juego. Aflojar la tensión con que controlaba el put. Dejarlo que trabaje. Respirar más tranquilo. Sentirme más en paz. Y embocar más naturalmente. Son algunas de las ideas que arrojaron luz sobre como mejorar mi estilo gerencial, en apenas una hora. Diez libros no hubiesen logrado la mitad.
En cierta medida lo que ocurre es que, el que aprende, más que el manager, es el hombre.
Gracias, Matías.
Por Francisco Ingouville