A través de este weblog nos mantendremos en contacto publicando artículos de interés y novedades.

En las próximas semanas estaremos dictando los últimos talleres del 2006. Negociación para gente de RRHH y Negociación Creativa el 22 y 30 de noviembre respectivamente, y La Herramienta Myers Briggs para el desarrollo de Recursos Humanos, Trabajo en Equipo, Liderazgo y Negociación el 12 de diciembre.
Descargar programas:
Negociación para gente de RRHH (PDF)
Negociación Creativa (PDF)
Próximamente publicaremos también el programa del curso La Herramienta Myers Briggs para el desarrollo de Recursos Humanos, Trabajo en Equipo, Liderazgo y Negociación.
Para más información llame al 4833-4755 / 3237.
[Cuento del libro "Relaciones Creativas por Francisco Ingouville. Gran Aldea Editores, Buenos Aires, 2006.]
Cuando descubrí mi vocación de mediador y facilitador, tenía grandes dudas sobre si reunía las condiciones para cumplir con esa responsabilidad. Admiraba tanto ese papel que me parecía una meta inalcanzable. Había participado en talleres de Gail Bingham y Yolanda Kakabadse y ambas me alentaban enfáticamente, pero ¿quién era yo para decirles a otros cómo resolver sus asuntos?
Un día, en esa época, iba caminando por la ciudad de Buenos Aires y presencié algo que me impactó. El semáforo de la Avenida Libertador, a la altura de la estación Retiro, estaba descompuesto. Era la hora pico en que la mayoría de la gente se dirige a sus oficinas. Pero nadie podía avanzar. Se había hecho un nudo en la intersección de las avenidas y cientos de autos y colectivos pugnaban por ganar un metro sin que nadie lograra salirse del atascamiento. Vi con tristeza cómo la larga fila de autos atascados en la Avenida Libertador recibía, con el entusiasmo de la mañana, nuevas y nuevas olas de optimistas ejecutivos que venían a emprender el día de trabajo y se sumaban a la impotencia de los de adelante mientras otros, inmediatamente, les tapaban la retirada por detrás.
No pude menos que mirar a esas personas bien vestidas que conducían autos caros. Seguramente serían profesionales con buena capacitación. Y, sin embargo, estaban desperdiciados allí. Los que esperaban en fila, con cara de aburridos y frustrados. Los que estaban en el nudo, tratando inútilmente de que los dejaran pasar, pero sabiendo que el que obstruía su camino tampoco podía moverse. Algunos tocaban bocina en forma exasperante.
Allí estaba toda esta gente capaz en autos de última tecnología sin poder avanzar. ¿Qué había fallado? No era la política de un líder nacional. No era la fórmula química de un combustible. No era un sutil acuerdo social entre sectores políticos. Era un aparato que mostraba alternativamente luz roja, luz verde y luz amarilla. Y su mayor mérito no estaba en la forma en que lo hacía sino en haber logrado que los demás le confirieran autoridad y se dejaran coordinar por él.
De pronto imaginé que, en muchos asuntos, las cosas ocurrían de forma tan estúpida como en esa esquina, pero no era tan visible porque se llevaban a cabo entre cuatro paredes. Dentro del Congreso Nacional, en ministerios, en oficinas de empresas, hospitales, universidades... hasta en las más importantes negociaciones de paz donde estaban en juego muchas vidas.
Entendí que no era tan difícil ser un semáforo. Pero que había que lograr que a uno le dieran ese papel. Que sin la confianza de las partes el mediador no existe.
Me ha tomado un tiempo aceptar que lo importante del mediador no consiste tanto en hacer como en ser. Pero todavía oigo una voz preguntona de mi yo más joven que me dice: “Vamos, no me vengas con esas respuestas aburridas, yo quiero saber cómo hace el mediador para pacificar a las fieras. ¿Las hipnotiza? ¿Les canta? ¿Qué trucos podés enseñarme? ¿Cómo se frena a un toro que arremete a 60 km por hora? ¿Usás su propia fuerza en contra de ellos?” Y no es que no me gustaría ser el héroe que conoce los trucos para solucionar mágicamente los conflictos. He incorporado, como la mayoría de la gente, el modelo de las películas de Hollywood donde el protagonista arregla todo y los demás le quedan muy agradecidos. Mi parte más infantil todavía se aferra a esa ambición. Sin embargo, he ido aprendiendo a valorar más un rol leve.
Conseguí el libreo "Relaciones Creativas" en:
- Gran Aldea Editores
- Temátika
- Cúsipide