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Meditación y NegociaciónEscuchar sin juzgar es difícil. Mayor es la dificultad en situaciones tensas, donde tenemos mucho en juego o la situación nos resulta incómoda. Es fácil perderse la mitad de la conversación estando en algún otro lugar, pensando sobre el pasado o el futuro, deseando que las cosas fueran diferentes. ¿Cómo volver a lo que está pasando? En marzo del 2002 un grupo de profesionales que enseñan y practican medios alternativos de resolución de conflictos se reunieron en la Universidad de Harvard para conversar acerca de lo que puede aportar la meditación periódica a la mediación y negociación. Vale la pena visitar en la web el video sobre el encuentro en http://www.pon.harvard.edu/news/2002/riskin_mindfulness.php3 También pueden bajar un paper de Leonard Riskin sobre meditación y mediación del mismo sitio.
DetonantesEn los últimos talleres de Conversaciones Difíciles, algunos participantes me preguntaron acerca de cuáles son las palabras que detonan reacciones en la otra parte, y cómo evitarlas. Hoy se me ocurre lo siguiente: En cualquier negociación o conversación para coordinar acciones, puede que haya palabras que generen en la otra parte una reacción defensiva o agresiva automática. Por ejemplo, si estamos hablando sobre un acuerdo que una de las partes no cumplió, cada vez que la conversación vuelve al tema del acuerdo, quién no cumplió puede reaccionar emocionalmente al sentirse culpado o culpable. Sin embargo, más allá de las palabras, el detonante a menudo es el marco que se le da al hecho. Siguiendo con el ejemplo del acuerdo que una de las partes no cumplió, si yo le reclamo a esa persona por su incumplimiento desde un marco de culpa ("No hiciste tal, y es tu culpa. Ahora bancate el castigo, ¿no?") lo más probable es que la persona se defienda o reaccione a lo que le digo. Ahora si utilizo otro marco, el de la contribución, por ejemplo ("No hiciste tal, ahora qué podemos hacer juntos para que no vuelva a suceder") es menos probable que el otro reaccione emocionalmente, o sea detonado. Si la otra parte reacciona ya sea con enojo o culpa o ambivalencia, muchas veces la tentación es castigarlo aún más (porque obviamente es su culpa y así lo reconoce, no?) o intentar mejorarle su situación y decirle: "No te preocupes, veamos cómo lo solucionamos." Ninguna de las dos variables resulta efectiva; ambas se basan en el supuesto de que la persona tiene la "culpa". Antes de buscar la solución recomiendo que la persona se encuentre con lo que le pasa, o sea que reconozca lo que siente. "¿Te sentís culpable?" "¿Estás enojado? ¿Qué más sentís?" Si la persona no reconoce lo que siente, esa emoción le va a estorbar a la hora de buscar soluciones con la otra parte. Primero es importante que la emoción afloje para poder estar libre para pensar con el otro. Por eso es indispensable reconocer lo que siento, o lo que siente el otro. Lo que de por sí no es fácil, ya que a menudo no sabemos lo que sentimos, y no reconocemos la complejidad de nuestras emociones ("Me da bronca haber fallado, y además quiero ayudarlo, y por otra parte me da miedo que si lo digo puedo perde mi trabajo, etc"). Reconocer es el primer paso para luego pasar a resolver el problema, y generar un nuevo acuerdo. Patricio Nelson
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